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NO AL HALLOWEEN!

La palabra Halloween

Para comprender esta tradición que poco a poco se va arraigando en nuestra sociedad, es importante destacar el origen del Halloween. Empezaremos diciendo que la palabra “Halloween” tiene un origen católico, pues es una deformación lingüística de la frase “All Hallow’s Eve” (Vigilia de todos los Santos) que conmemoraba la fiesta de Todos los Santos, que desde el siglo IX se conmemora universalmente en la Iglesia Católica en los días 1º de noviembre, por instrucción del Papa Gregorio IV.

Esta fiesta de víspera católica, a causa de las enfermedades, como la peste bubónica que mató casi a la mitad de la población europea en el siglo XIV, se fue deformando en una sátira de la muerte misma, de ahí que los franceses representaban figuras decorativas alusivas a nuestra propia mortalidad, ya sea mediante cuadro o caracterizaciones, dando lugar al hecho de que hoy los niños se disfrazan para salir a pedir dulces a las calles. En aquellas épocas no se disfrazaban de momias o brujas, sino de personajes famosos en cada sociedad.

¿Dulce o truco?

La costumbre de pedir dulces conlleva un origen aún más perverso. Durante el siglo XVI, Inglaterra había adoptado el Anglicanismo a causa de la lujuria del rey Enrique VIII, a quien el Papa Clemente VII le negó una nulidad matrimonial con Catalina de Aragón, generando la ruptura de la fidelidad religiosa.

A causa de esta ruptura y el surgimiento del anglicanismo, el pueblo católico fue perseguido por casi 200 años, incluso estaba prohibida, bajo pena de muerte, toda celebración religiosa católica. No sobra decir que durante esta época, muchos católicos, sacerdotes, religiosos y laicos encontraron el martirio.

Siendo el Rey de Inglaterra Jaime I, se descubrió un intento de asesinato en su contra por parte de católicos cansados de la opresión legal y religiosa. Para conmemorar este hecho, se fue haciendo costumbre en los primeros días del mes de noviembre, que jóvenes anglicanos, con máscaras, salieran a las calles a exigir a los católicos que les entregaran cerveza y comida para celebrar el fallido intento de asesinato.

Estas costumbres emigraron y se arraigaron en las comunidades de colonos en América, pero no fue hasta el surgimiento del mercantilismo que el Halloween tomó fuerza. Es a partir de la década de los 20’s del siglo pasado que se conmemoró por primera vez un desfile al estilo Halloween en los Estados Unidos. Así que la fiesta, como la conocemos hoy, tiene un origen reciente.

Satanismo

Comprendiendo el sentido anticatólico de la fiesta del Halloween, siendo una deformación de la víspera de la Fiesta de Todos los Santos, aunado con el abuso de grupos religiosos contra los católicos, es que la Iglesia Católica siempre se ha pronunciado en contra de esta celebración, no solo por su contenido histórico, sino por las corrientes de pensamiento que en ella se ven involucradas.

La correspondencia entre el Halloween y el satanismo no solo obedece al tipo de disfraces, sino a un verdadero sentido de adoración satánica. El sumo sacerdote satanista Anton LaVey, quien además escribió “La biblia satánica” decía que esa era la fiesta más importante del satanismo. Como dato curioso, Anton Lavey murió en el hospital St. Mary de Londres, un hospital católico, y su registro de fallecimiento es de fecha 31 de Octubre de 1997, aunque se especula con la veracidad de esta fecha.

Otras fiestas ocultistas y espiritistas tienen lugar en todo el mundo en esta fecha, y ha sido adoptada como fecha principal en el surgimiento de los cultos nuevos, como son la Wicca y la New Age. Y como ya sabemos, eso solo es por simple superstición.

El culto a lo grotesco

La lógica nos lleva a pensar que entre más grotesco sea algo, menos atractivo debería ser para el ser humano, pues en este caso, resulta lo contrario. La sociedad actual se ve fuertemente atacada por el “culto a lo grotesco”. Entre más repulsivo sea, mejor.

Los efectos del mercantilismo, del consumismo y, por qué no decirlo, de la estupidez humana, nos llevan a dar un culto absurdo a lo grotesco. Y eso incluye muchos aspectos de nuestras vidas, no solo en el Halloween. Cada día nos vamos haciendo inmunes a lo repulsivo. Aspectos de la vida cotidiana como la sexualidad, la vestimenta, la cultura urbana, los espectáculos, la música se van vaciando de la belleza, sustituyéndose por lo grotesco, por la fealdad.

Y Halloween es el ejemplo perfecto de esta falsa cultura. Pues entre más feo te veas, mejor; entre más repulsivo seas, mejor; entre más violento luzcas, mejor. Celebramos a la maldad y la representamos en nuestros propios hijos, como si de verdad quisiéramos que fueran zombies, brujas, momias, asesinos o monstruos. Muchos dirán que es solo un disfraz y solo piden dulces, sin embargo, les vamos inculcando una ideología de que lo malo es permitido, es válido ser malo, aunque sea por un día. Eso es relativismo puro, un relajamiento en la vida de la virtud, una nube en la formación de la conciencia de nuestros hijos.

Padres de familia

Independientemente del origen y sentido de la fiesta del Halloween, deben considerar algo más próximo en riesgo. Deben tomar en cuenta que no es prudente que los niños anden por las calles tocando de casa en casa pidiendo dulces. Están al alcance de la mano de cualquiera que quiera lastimarlos, o incluso introducirlos al mundo de las drogas. Aún si los acompaña un adulto, es una ocasión de riesgo que debe considerarse seriamente.

Para los adolescentes y jóvenes resulta en una atractiva ocasión para divertirse y no pocas veces, termina en excesos de alcohol u otras sustancias, lo que puede ser otro factor de riesgo. La recomendación es simple, no celebren Halloween, no tenemos motivo alguno para hacerlo. Ni siquiera es fiesta nuestra, es importada de comunidades con un pasado anticatólico y no ofrece un mensaje válido, es solo celebrar lo grotesco.

Opción

En países como Chile y Francia, se pretende dar un cambio radical a esta fiesta y darle un cauce más positivo, o mejor dicho, más cristiano: retomar el All Hallow’s Eve del siglo IX. En Chile, por ejemplo, se pretende celebrar “El día de la Primavera” y que los niños se disfracen de ángeles, santos y princesas, dejando de la lado las caracterizaciones grotescas.

El Episcopado Francés ha lanzado desde hace varios años, una fuerte campaña de publicidad del verdadero y correcto sentido de la Víspera de la Fiesta de Todos lo Santos Se pretende sustituir el Halloween por el Holy Wins (La Santidad Gana) de una forma creativa, dando auge a lo santo, a lo bueno, a lo limpio, a lo puro; y no a lo grotesco.

El Beato Juan Pablo II dijo con toda claridad:

“San Odilón deseó exhortar a sus monjes a rezar de modo especial por los difuntos. A partir del Abad de Cluny comenzó a extenderse la costumbre de interceder solemnemente por los difuntos, y llegó a convertirse en lo que San Odilón llamó la Fiesta de los Muertos, práctica todavía hoy en vigor en la Iglesia universal”.

“Al rezar por los muertos -dice el Santo Padre-, la Iglesia contempla sobre todo el misterio de la Resurrección de Cristo que por su Cruz nos obtiene la salvación y la vida eterna. La Iglesia espera en la salvación eterna de todos sus hijos y de todos los hombres”.

Vivir de manera correcta la celebración de la Víspera de la Fiesta de Todos los Santos solo nos puede traer como consecuencia una sola cosa, las Gracias Divinas por medio de la intercesión de Todos los Santos, a quienes rendimos honor y gloria por ceñir en ellos la corona de la victoria.

No celebres el Halloween, celebra el All Hallow’s Eve, como la iglesia lo ha venido haciendo desde hace 12 siglos. Vive y conoce tu fe.

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